Sueños con sabor a magia
Cada vez que Renato duerme, sueña pisar las nubes, y se cree que está cerca de ellas con esa cama blanda y almohadas de plumas de garza en las que duerme. Y salta una y otra vez cuando va a dormirse encima de ellas imaginando que son algodones hechos figuras. A veces desea morder un bocado que le sabe a azúcar. Como esos que venden por el parque. Su cama es su guarida. Él cree que viaja al cielo por algunas horas. Porque mientras duerme mira a sus alrededores y lo encuentra todo azúl y siente suavidad. Allá en las nubes, todo lo tiene, helados de chocolate, magníficos dulces de leche, pasteles y polvos mágicos que le dan cuantos dulces quiera Renato. Allá en las nubes se siente Rey. Es un Rey. Allá mismo encuentra un castillo enorme construido con bolitas de nube de color. Y si se le antoja, de vez en cuando come un poco de puerta o de hierba, el color que se le antoja, al fin y al cabo, el Castillo nunca desaparecerá. Y dentro de él, se encuentra con los más gloriosos sueños de niños de todas las edades! Desde los más pequeños que sueñan con ángeles hasta los de su edad que sueñan como él sueña. Así que algunas noches, Renato se pasea por los sueños. Él ya conoce al ángel Bondolón que es con quién los niños pequeñitos más juegan. Un simpático ángel de ojos de niebla, con piel blanca como la nieve y con cabello de nube. Y debajo de su cuerpo pareciera que tuviera kilos de algodón porque está tan gordo que sus movimientos a veces son torpes y simpáticos hasta hacerlos sonreír...
Otras veces Renato se pasea por otros sueños. Hay quiénes sueñan con Brida, la princesa encantadora, con una sonrisita de beso que enternece y con un rostro verdaderamente hermoso. Ella es tan especial que cuando platica con los niños, les cuenta historias espectaculares que los mantiene a todos alrededor, pisando su largo vestido abrumado de brillos de colores que los niños pueden comer, algunos sabor fresa, chocolate, mango, vainilla y de todo un poco. A Renato le encanta pasar de vez en cuando por ahí porque le fascina la princesa y cada vez que la mira le ofrece un trocito de nube que arranca del castillo solo para ella. Es por eso que cuando amanece, entre sueños se mira y retumba en su mente y en su corazón aquél cielo lleno de fantasía y no quiere separarse más de las nubes... Y no quiere levantarse de su guarida. Y no quiere, pero debe ir al colegio. Aunque sabe que pasarán solo algunas horas para volver a viajar a ese cielo maravillo y magnífico que cada noche se vuelve suyo.
KASAVE
