Llevo la cadera adolorida,
los ojos brillantes
con la fogosa luz del sol,
una sonrisa constante
y en mi pensamiento
un recuerdo...
Coleccionándolos cuál si fuesen
estampas coloridas,
imágenes triunfales,
cotidianidad ya sin vida.
Llevo los pies chuecos
con pasos torpes,
resbalándome de vez en vez,
mirando lo vulgar y la elgancia,
lo insólito y lo usual,
y el alma misma en la mirada
de quiénes la exhiben.
Olvidando cada instante
y empezando uno nuevo
día a día sin prisa.
Llevo miradas ligeras
tras bambalinas
tras tristeza
y cositas revueltas.
Y llevo un camino
cargado de sueños
y de felicidad
cargada de sonrisas!
