Interminable
Al filo de la puerta escucho el relato de una despedida, los muebles apilados, listos para la insinuante Gran Venta de Garage; ¡todo es una ganga!.
Sólo habrá que esperar al tiempo, que, de tanto en tanto se hará cargo de tí.
Aquel sillón reposet que ahora imagino - no tuve el gusto - se marchó, con el peor postor (nuevo complejo de fantasmas), ofrecía comodidad y, es s'olo que requirió adopción.
Cada visita a los tianguis fue caza furtiva...
de regateadas...
de soles conquistados...
Ahora, se marchan.
No hubo cupo para la duda: "nadie sabe para quién trabaja", o tal vez, " el pez gordo, se come al pez flaco"
Alégrate, un día encontrarás esos recuerdos en otro garage, tal vez un poco avegentados o quizá, ya vacíos de esperar.
Esa insistencia por comprar chácharas y ropa usada será siempre espejo de nosotros, de lo que ahora dejas: a tientas y sin permiso.
"A partir de hoy: me entrego a todo, a tocar, a probar, a recargarme... a invadirme de los espíritus que tocan, que prueban y que se han recargado"
Con cariño para mis despedidas.
