Es cierto, el culpable es uno por no dejar volar los sentimientos, por apresar la poesía de los momentos aun insólitos.
¿Cómo aceptar un nuevo rostro, unas manos diferentes que desean dar lo mejor de sí, pero que para uno no son lo mejor?
¿Cómo adivinar que esa nueva figura es la que dará fondo a todo lo demás?
¿La culpa es propia por creer engaños los halagos?
¿Que se pudra entonces la utopia de la felicidad y que venga solo disfrutar el momento?
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