Esa noche, el tiempo y la distancia atajaron entre ellos los susurros;
Fue el repliegue en su pecho de un cuerpo con un abrazo el que los mantuvo cerca;
Era esa respiración tan densa la que sedujo a la piel;
¿Consciencia?, ella dormitaba, decidió recargar su cabeza en aquel remedo de almohada
para, por ésta vez no juzgar!.
Nuevamente era un sólo cuerpo, que, sin titubeos se estremecía dejándose llevar,
un cuerpo que igual sudaba, que gemia, que respiraba en voz alta.
¿Dignidad? ¿Vestirse con otra piel, es falto de moral?
Si tan sólo se trataba de apretar, morder, rasguñar, mojar, humedecer las dudas adueñándose de lo que no es de uno;
era entonces, hacer una declaración febril al placer, estimulando al alma, huyendo del corazón
escapando de su inmediata sensatez.
Pero inoportuno el tiempo que al no recibir señales de un fin, voluntarioso aquejó con el cansancio.
Nuevamente dos vidas, dormitando, conciliando actuales lejanías.
Irreconocibles aromas, apenas percepctibles quimeras.
Fue nuevamente la prisa por desaparecer, por escapar con la mofa del trajín del día,
la que aparcó cualquier regreso.
A tu salud.
